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Predicado por Joel Barajas.

Génesis 33: 1-10.Todos nos hemos encontrado en situaciones difíciles, donde necesitamos enfrentarnos con personas que son importantes en nuestras vidas, algunos son familiares, compañeros de trabajo o de carácter amistoso.

Primero debemos notar el versículo diez: “Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios” Jacob habla del rostro de Esaú, como si obtuviera el favor que esperaba de Dios, esto es, un hermano que recibiese en paz.

Ver el rostro de alguien significa ser recibido de buena manera, de forma amistosa, y con intención de favor, aceptación y apoyo. No ver el rostro de la persona significa rechazo, enojo, no interés. Ver el rostro de una persona significa presencia, conocer su personalidad. Así cuando vemos fotografías sabemos que alguien estuvo en ese lugar, principalmente porque le reconocemos al ver su rostro en la fotografía.

– Génesis 32:3-5 “Y envió Jacob mensajeros delante de si a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. Y les mando diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora: y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas: y envío a decirlo a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos”

Jacob sabía que había engañado gravemente a su hermano, por tanto el enojo de Esaú era justificado. Prudentemente Jacob envió mensajeros a decirle que después de tanto tiempo finalmente está a punto de verlo, y que no desea tomar nada de él; sino encontrar paz y armonía. Quiere saber si su hermano está dispuesto a recibirlo y evitar así confrontaciones que no ayudan y no exponer a su familia a ningún riesgo.

– Génesis 33:3 “Y el pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó su hermano” Como señal de rendición y mansedumbre, reconociendo que no busca confrontación, que está dispuesto a dialogar y aceptar responsabilidad de sus actos.

San Mateo 11:29-30 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Que importante humillarnos delante de las personas para buscar el perdón de aquellos con quien tenemos diferencias. Jacob se humilla públicamente para encontrar la reconciliación.

– Génesis 33:4 “Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazo, y se echó sobre su cuello, y le beso; y lloraron” Finalmente Jacob se encuentra con su hermano; él sabe que su comportamiento en el pasado ha sido engañoso, sin embargo es recibido por un hombre que no se interesa por las cosas del pasado. El corazón vengativo que Jacob esperaba encontrar, es movido a misericordia. Solo Dios puede cambiar el rencor y la ira; y el deseo de venganza, nuestro Salvador lo convierte en un corazón suave.

Recordemos en la Biblia aquel padre cuyo hijo se va a malgastar su herencia, y cuando todo lo ha perdido recuerda que en casa de su padre puede ser recibido.

En el Antiguo Testamento cuando el pueblo de Israel desobedecía la ley, buscaba el perdón de Dios mediante ofrendas y rituales; eso hizo Jacob como señal de respeto e intento de ganar perdón. Así hoy, cuando nos disgustamos con una persona, le enviamos algún presente como señal de rendición y que necesitamos perdón.

La Palabra de Dios nos instruye que si traemos una ofrenda a Dios, y sabemos que nuestro hermano tiene algo contra nosotros, dejemos a un lado nuestra ofrenda, arreglemos cuentas, y luego traigamos nuestras ofrendas a Dios.

Pero lo más importante lo dice Jacob a Esaú, “he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios” Muchas vece intentamos que presentes y ofrendas, que Dios no mire que somos personas dignas de su favor. Incluso hacemos buenas obras y caridad, creyendo que haciendo todo esto, que Dios nos tiene que ver… Pero nada de esto le interesa a Dios. Dios solo lo hara cuando aceptemos su favor de gracia.

Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios”

El favor principal que todo hombre puede tener de Dios, es recibir al Señor Jesús como su Salvador Personal. Cuando tienes a Jesucristo en tu corazón, todo lo que hagas para Dios en obediencia, será bien visto en los cielos.

 

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